Poder Económico

Poder Económico Por: Adalberto Füguemann

Por: Adalberto Füguemann

¿MUCHA POLÍTICA Y POCA ECONOMÍA?

“La percepción domina a la realidad”: Francesc Domínguez

OSCURIDAD: El año 2001 es, desde ya, considerado el parteaguas entre dos épocas. Los autores (para variar) aún no se ponen de acuerdo sobre la denominación del período actual, más allá de la “postmodernidad” y más refinado que el hoy tan manoseado “(neo) liberalismo”, pero es indudable que ese primer año de este siglo, cambió, para mal y para bien –en ese orden- el esquema del mundo social y económico que nos tocó vivir a unos y sobrevivir a otros.

Amén de los ataques a las Torres Gemelas hace 21 años, o la guerra de Putin este año, y de la reacción antiterrorista o ambientalista del mundo occidental, la economía global se cimbró y se fracturó con megafraudes financieros como los ya famosos, podríamos decir clásicos, que encabezaron súper empresas como Enron, Worldcom, Xerox y Parmalat y, más recientemente, las criptomonedas, la crisis hipotecaria, o, más localmente, los problemas de intermediarios financieros no bancarios como FAMSA o Crédito Real.

Ha llegado a nuestras manos un ejemplar, conciso y preciso, de una publicación de la firma de consultoría Deloitte. Su título: “EN LA OSCURIDAD” y su tema focal: “Lo que los consejos directivos y los ejecutivos NO SABEN sobre la solidez de sus negocios”.

El volumen, de lectura fácil y sustanciosa, debiera ser tarea obligatoria para todo ejecutivo, accionista o dueño de empresa nacional, presenta las conclusiones sobe una encuesta que, en colaboración con “the Economist Intelligence Unit”, la firma realizó a 250 consejeros de empresas de todo el El volumen, de lectura fácil y sustanciosa, debiera ser tarea obligatoria para todo ejecutivo, accionista o dueño de empresa nacional, presenta las conclusiones sobe una encuesta que, en colaboración con “the Economist Intelligence Unit”, la firma realizó a 250 consejeros de empresas de todo el mundo.mundo.

Deloitte nos dice, a través de su encuesta, que existe un consenso entre ejecutivos y empresarios, de que, entre los factores no financieros de mayor relevancia y que hay que considerar destacan, para el 97% de los encuestados, LA SATISFACCIÓN DEL CLIENTE, LA CALIDAD EN LOS PRODUCTOS O SERVICIOS (96%), EL DESEMPEÑO CORPORATIVO (95%), EL COMPROMISO Y LA LEALTAD DE LOS TRABAJADORES (94%), LA INNOVACIÓN, tan ligada a la competitividad (91%) y otros temas de igual relevancia.

El problema estriba en que, a pesar del alto porcentaje que considera importantes los tópicos mencionados, pocos, o muy pocos, los miden en sus empresas. La totalidad mide los resultados financieros, pero solamente 16% tiene visibilidad del nivel de satisfacción de sus clientes –a pesar de ser el factor número uno en su filosofía-, 52% puede medir la calidad de sus productos o servicios, 43% los resultados de las innovaciones y, para abreviar, solamente el 27% de las empresas mide la fortaleza de su marca ¡con la que compite en el mercado!, pese a que casi el 80% piensa que es un factor preponderante.

LUZ: Estamos ante otro caso de inconsistencia entre lo que se dice y lo que se hace, es un fenómeno mundial que privilegia el verbo y la filosofía que se presenta en cuadros enmarcados en las paredes, en pendones, en folletos y hasta en Internet o redes sociales y que pregonan que EL CLIENTE ES PRIMERO, pero no se sabe, no se puede, o no se quiere medir, si el cliente siente realmente que es la razón de ser de la empresa. ¿Han intentado alguna vez reclamar un seguro? ¿Lo enviaron a leer las “letras chiquitas”?

Es lo mismo que pasa entre la economía y la política. Bryan Caplan lo trata más detalladamente en su libro “El mito del votante racional”. Caplan (entre otras cosas interesantes) comenta sobre estudios sistemáticos en relación al conocimiento de las “políticas” y sus efectos en los procesos económicos.

El mensaje común es que la gente simplemente no entiende de economía y le cree al “político” Por eso sus preferencias electorales son en buena medida irracionales. La gente cree lo que le dicen, peno no lo analiza y, menos aún, lo comprueba. Aún los hombres prácticos que se dicen estar exentos de cualquier influencia ideológica -y, por lo tanto, guiados por la razón-, son generalmente esclavos, consciente o inconscientemente de la demagogia populista emitida desde cualquier punto de la geometría política.

Ambos libros, micro y macro, vale la pena leerlos y analizarlos, quizá sean una especie de planta de luz (ajena a la CFE) para sacar a las empresas, micro, mediana o macro, de la oscuridad y darle valor agregado, competitividad y productividad, a las señales que dan los indicadores financieros, necesarios pero insuficientes o para dimensionar la mentira cotidiana de una política falaz y perversa contra la realidad económica que se soslaya.

DE FONDO: El llamado Premio Nóbel de Economía, el único que no forma parte del legado de su fundador, ya que fue creado en 1969 por el Banco de Suecia. Ha sido otorgado, al menos los últimos 20 años, a estudiosos de los impactos reales que tienen en la vida “normal”, las acciones económicas. Antes se privilegiaron estudios o propuestas teóricas que dieron lugar a la denominada tecnocracia, cuya idea central era “falla la realidad, el modelo es perfecto”.

Hay que recordar que, por citar a algunos de los últimos galardonados, Joseph Stiglitz, Paul Krugman (el más acucioso al relacionar la economía empresarial con la del sector público), Edmund S. Phelps, Abhijit Banerjee, Esther Duflo, Michael Kremer, David Card, todos de fácil lectura y alejados de complicadas e imprecisas fórmulas econométricas, se relacionaron con el impacto psicológico y social de la economía a través de una deformación del mercado denominada “Teoría de Juegos”. La competencia perfecta no existe y el mercado no se autorregula por sí mismo porque siempre uno de los participantes conoce algo que los demás ignoran. Ese es el juego y ese es el mundo real.

Casi todos han centrado sus investigaciones en la trascendencia de la macroeconomía y su impacto en los salarios, en la inflación y en los niveles de empleo y de vida. Esto tiene mucho que ver, ahora mismo, con lo que Estados Unidos y México hacen para frenar el aumento de precios. Phelps, por ejemplo, y nosotros con él, no parece muy convencido de que un alza en las tasas de interés sea la receta para frenar la inflación, pues frena también la inversión y deprime el empleo. Es, como Mundell (1999), Stiglitz (2001) y Smith (2002) un iconoclasta de la economía y eso se agradece en la era de la tecnocracia y las “recetas” ortodoxas. Una pena que los políticos y sus seguidores no los conozcan.

DE FORMA: Mohammed Yunus, otro economista pragmático, el llamado “banquero de los pobres” –ojo, bancos mexicanos- recibió, por su parte, en el año 2006, el Premio Nóbel de la Paz, el de mayor peso moral entre los galardones que se iniciaran el 1895. El noble visionario de los microcréditos libres de intereses que se otorgan principalmente a mujeres en la India y que ha provocado que regiones completas dejen niveles de miseria y dupliquen su producto por habitante, no necesitó de la política, ni de la econometría, para enfocar su esfuerzo, que ha beneficiado a millones de personas.

DEFORME: Pocos, muy pocos lectores o peor aún, la mayoría de la gente, que no suele leer, habrán oído hablar o seguido las obras de los ecomistas mencionados en párrafos anteriores, Esto viene a colación porque significa que la línea imaginaria de la realidad, la dibujan, bastante garabateada, por cierto, los malos políticos (también hay buenos, por desgracia muy pocos). Caplan, Stiglitz y Krueger muestran que la irracionalidad o la ignorancia de la gente sobre temas económicos no es al azar. Hay un método en esa perversa insensatez. Consiste en transmitir una serie de “sesgos”, como los sesgos anti-educación, anti-extranjero o anti-comercio o anti-pasado (por ejemplo, se dice que toda la inversión extranjera o todo egresado de un postgrado atentan contra la nación). Si esto es verdad, y parece que sí lo es, muchos modelos de “racionalidad electoral” en el mundo real, están ciertamente en problemas.

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